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El consumo de café y el riesgo de padecer diabetes mellitus tipo 2

CafeLa diabetes mellitus tipo 2 (DM2) está caracterizada por resistencia a la insulina y/o secreción anormal de insulina, resultando en una disminución en el uso de glucosa en todo el cuerpo. Las personas con hiperglucemia crónica, resistencia a la insulina y/o DM2 están en mayor riesgo de hipertensión, dislipidemia y enfermedad cardiovascular.

Aunque los factores genéticos pueden jugar un papel en la etiología de DM2, hay evidencia convincente de que DM2 está fuertemente asociada con factores modificables, como la dieta. Es interesante que una de las bebidas no alcohólicas más comúnmente consumidas en la sociedad occidental, se distinga como un potente componente de la dieta asociado con un menor riesgo de varias enfermedades crónicas, incluyendo DM2 y sus complicaciones.

El café es una mezcla compleja de más de 1,000 substancias, incluyendo cafeína (fuente primaria), compuestos fenólicos (ácido clorogénico y quinidas -fuente primaria), minerales y vitaminas (magnesio, potasio, manganeso, cromo, niacina) y fibras, y varios de estos constituyentes en el café poseen un posible papel en el metabolismo de la glucosa.

Estudios de cohorte y de revisión sistemática

Un estudio de cohorte es un estudio epidemiológico, observacional, analítico, longitudinal prospectivo o retrospectivo, en el que los individuos que componen los grupos de estudio se seleccionan en función de la presencia de una determinada característica o exposición. Estos individuos no tienen la enfermedad de interés y son seguidos durante un cierto periodo de tiempo para observar la frecuencia con que la enfermedad aparece en cada uno de los grupos. También se llama estudio de seguimiento, de proyección o de incidencia, y tienen por objetivo medir causalidad entre factores de riesgo y la enfermedad a estudiar.

La asociación entre el consumo de café y el riesgo de desarrollar DM2 ha sido examinada en varias investigaciones. Datos de un estudio prospectivo indicaron una asociación inversa entre el consumo de café y el riesgo de DM2 en hombres, independientemente de raza, edad o concentración de magnesio en suero. Los individuos que bebieron al menos 7 tazas de café por día presentaban un riesgo 50% menor de desarrollar DM2 que los que bebían 2 tazas o menos por día. Sin embargo, este estudio no diferenciaba el consumo de café cafeinado y descafeinado y no evaluó otras fuentes de cafeína.

Al evaluar el consumo de café y cafeína de cualquier fuente, se encontró una asociación entre el consumo de café y el riesgo de DM2. Además, esta asociación se identificó como más prominente en mujeres que en hombres, al tiempo que se reveló un efecto protector del consumo de cafeína contra la DM2.

En otro estudio los investigadores observaron, luego de ajustar para algunas variables, un menor riesgo de DM2 en mujeres que consumían alguna dosis de café comparadas con las que no tenían el hábito. Esta asociación era similar en el café cafeinado, descafeinado y filtrado, sugiriendo que el consumo moderado de café, ya sea cafeinado, descafeinado o filtrado, disminuye entre 13% y 19% el riesgo de DM2 en mujeres jóvenes y de mediana edad.

Un estudio prospectivo de 11 años, realizado con mujeres postmenopáusicas verificó que el consumo de ambos tipos de café (cafeinado y descafeinado) estaba inversamente asociado al riesgo de DM2. En concordancia con esto, otro estudio reveló una concentración de C-péptido 16% menor en individuos que consumieron al menos 4 tazas de café cafeinado o descafeinado por día, indicando que el consumo crónico de café podría reducir la secreción de insulina, dado que disminuye la secreción de C-péptido, un marcador para secreción de insulina y el reducir la secreción de insulina es consistente con una mayor sensibilidad a la insulina. Los resultados de estos estudios indican que los constituyentes del café, diferentes a la cafeína, pueden tener un papel protector contra DM2.

Adicionalmente, un estudio epidemiológico indicó que el procesamiento del café parece tener un efecto en el riesgo de DM2 y señaló una ventaja del café filtrado sobre el hervido (sin filtrar) al reducir el riesgo de DM2. Dado que las substancias lipídicas de los granos de café, cafestol y kahweol, son removidas en el café filtrado, es razonable sugerir que estas substancias podrían actuar indirectamente en aumentar el riesgo de DM2. Más aún, otro estudio epidemiológico observó que el efecto protector del consumo de café dependía de la dosis y un estudio prospectivo reportó que tanto los consumidores de café actuales como pasados (20 años atrás, en promedio) tenían, respectivamente, 62% y 64% de reducción en el riesgo de DM2.

No todos los estudios han observado una asociación inversa entre el consumo de café y el riesgo de DM2. De hecho, un estudio de cohorte en Finlandia no reportó la asociación. Adicionalmente, un estudio en indios Pima, población con alta prevalencia de DM2, no encontró diferente incidencia de DM2 entre los consumidores de café y aquellos que nunca lo había consumido. Sin embargo, una revisión sistemática elaborada a partir de 9 estudios de cohorte apoya la asociación inversa entre el consumo de café y el riesgo de DM2. Las personas que consumen 4-6 tazas por día y aquellas con un mayor consumo (más de 6 tazas al día) presentan entre 28% y 35% menos riesgo de DM2 cuando se les compara con la categoría de menor consumo (menos de 2 tazas o ninguna por día).

 

La cafeína

Entre los constituyentes del café, la cafeína (1,3,7-trimetilxantina) ha recibido más atención debido a sus propiedades fisiológicas y farmacológicas, relacionadas principalmente a su efecto en la reducción del sueño y propiedades estimulantes.

La cafeína puede ser absorbida completamente por el estómago y el intestino delgado unos 45 minutos después de haberla consumido, y alcanza la máxima concentración en el torrente sanguíneo entre los 15 y los 120 minutos. Una vez absorbida, la cafeína es distribuida a todo el cuerpo. Se ha encontrado una correlación lineal entre las concentraciones de cafeína en plasma y en cerebro, así como entre las concentraciones en plasma y riñón. La cafeína puede cruzar la placenta y se ha encontrado en la leche materna.

Cristales de Cafeina

La metabolización de la cafeína tiene lugar en el hígado, comenzando con la remoción de los grupos metilo 1 y 7 en una reacción catalizada por citocromo P450, permitiendo la formación de 3 grupos metilxantina: paraxantina (84%), teobromina (12%) y teofilina (4%). Cada componente tiene un papel diferentes en la fisiología humana; en particular, la paraxantina incrementa la lipolisis, la teobromina estimula la dilatación de los vasos sanguíneos e incrementa el volumen de orina, mientras que la teofilina controla el metabolismo de la glucosa.

Las concentraciones en sangre de cafeína o sus metabolitos reflejan el consumo de cafeína en las horas previas. Sin embargo, el consumo de cafeína no puede correlacionarse fuertemente con el consumo de café, ya que también depende del consumo de otras fuentes de cafeína.

El contenido de cafeína en algunos productos alimenticios es, en promedio, el siguiente:

a. Café regular, filtrado de granos molidos (taza de 8 onzas): 95 mg
b. Café regular descafeinado, filtrado de granos molidos (taza de 8 onzas): 2 mg
c. Café, filtrado, espresso (taza de 8 onzas): 509 mg
d. Café regular, instantáneo (taza de 8 onzas): 62 mg
e. Café descafeinado, instantáneo (taza de 8 onzas): 2 mg
f. Bebida carbonatada, cola (vaso de 12 onzas): 29 mg
g. Bebida energética típica (vaso de 12 onzas): 108 mg
h. Té negro, filtrado (taza de 8 onzas): 47 mg
i. Barra de chocolate con leche (44 gramos): 9 mg

El consumo de cafeína promedio per cápita en las sociedades occidentales es de 300 mg/día, esencialmente consumida de fuentes dietarias como café, té, bebidas de cola y chocolate.

Los estudios en humanos indican que el consumo de cafeína de unos 500 mg/día no lleva a deshidratación o desbalance de agua. Más aún, el consumo moderado de cafeína (alrededor de 400 mg/día) no está asociado con un mayor riesgo de hipertensión, enfermedad cardiaca, osteoporosis o colesterol elevado en plasma.

 

Mecanismos que subrayan los efectos protectores del consumo de café en DM2

La hipótesis de que el consumo de café disminuye el riesgo de DM2 involucra varios posibles mecanismos como sus efectos posibles en la obesidad y en la sensibilidad a la insulina, que son importantes factores de riesgo para DM2. De conformidad con esto, se ha propuesto que el consumo de café podría estimular la termogénesis. Algunos estudios han mostrado que el consumo de cafeína está inversamente asociado con la ganancia de peso corporal y la saciedad, incluyendo un estudio con seguimiento por 12 años que muestra que los hombres y mujeres que consumen café pierden más peso que aquellos que no lo consumen.

Otro estudio, aleatorizado, controlado con placebo y doble ciego con hombres y mujeres con sobrepeso y moderadamente obesos, notó que el consumo de una dieta alta en cafeína (520 mg aproximadamente) reduce el peso corporal, la masa adiposa y la circunferencia de cintura, al tiempo que incrementa la saciedad, cuando se compara con una dieta baja en cafeína (150 mg aproximadamente). Otro estudio confirmó que el consumo elevado de cafeína deriva en una saciedad mayor que el consumo más bajo.

El café influye en la secreción de péptidos gastrointestinales  como el péptido tipo glucagón tipo 1 (GLP-1, por sus siglas en inglés) y el polipéptido inhibitorio gástrico (GIP, por sus siglas en inglés), disminuyendo la absorción de glucosa en el intestino delgado y activando péptidos anorexigénicos centrales (POMC/CART) e inhibiendo péptidos orexigénicos (AgRP/NPY).

Se ha reportado una mayor producción de GLP-1 luego del consumo de bebidas que contienen ácido clorogénico, como el café. Otro mecanismo sugerido es la estimulación directa de células beta pancreáticas por cafeína y teofilina.

Los efectos benéficos de constituyentes del café, además de la cafeína, en la sensibilidad a la insulina deben ser considerados. El café es la principal fuente del polifenol  ácido clorogénico en la dieta humana y puede afectar el metabolismo de la glucosa por diferentes mecanismos: incrementando la sensibilidad a la insulina, inhibiendo la absorción de glucosa, inhibiendo o retardando la acción de α-glucosidasa, inhibiendo los transportadores de glucosa a nivel intestinal, y reduciendo o inhibiendo la hidrólisis de glucosa-6-fosfatasa a nivel hepático, lo que puede reducir la salida de glucosa al plasma y derivar ultimadamente en una reducción en la concentración de glucosa en plasma.

Más aun, este polifenol neutraliza los efectos dañinos de los ácidos grados libres sobre la función de las células beta en los individuos con sobrepeso insulinoresistentes, reduciendo el riesgo de DM2. Sin embargo, es importante tomar en cuenta los efectos confundidores potenciales de otras fuentes alimenticias de ácido clorogénico, como las manzanas.

Adicionalmente, se ha sugerido que la inhibición de la absorción de hierro por los compuestos polifenoles presentes en el café podría ser uno de los mecanismos detrás de los efectos protectores del consumo de café en el metabolismo de la glucosa, pues la evidencia apunta que mayores reservas corporales de hierro están asociadas con un mayor riesgo de DM2. En línea con esto, la inducción de deficiencia de hierro en los individuos con tolerancia a la glucosa deteriorada ha mejorado la sensibilidad a la insulina.

Cada taza de café instantáneo regular tiene cerca de 7 mg de magnesio, un micronutrimento involucrado en la homeostasis de glucosa. Datos preliminares han evidenciado una asociación entre el bajo consumo de magnesio y la resistencia a la insulina (en concordancia con esto, los indios Pima poseen una baja concentración de magnesio en plasma, posiblemente debido a su alto grado de resistencia a la insulina).

 

En conclusión

Por muchos años, la dieta ha sido identificada como una determinante modificable importante de enfermedades crónicas como la diabetes mellitus tipo 2.  La asociación entre el consumo de café y la reducción en el riesgo de desarrollar DM2 es plausible y ha sido consistentemente demostrada en estudios longitudinales en diversas poblaciones.

El consumo moderado de café (4 o más tazas de 150 ml al día, o 400 mg o más de cafeína al día) cafeinado o descafeinado, a largo plazo, puede reducir el riesgo de DM2.

No obstante, algunos investigadores consideran que es muy pronto para recomendar un incremento general en el consumo de café, como estrategia de salud pública para la prevención de enfermedades.

Los estudios futuros podrían inclinar la balanza.

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