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Crecimiento y composición corporal (III)

Fibras del musculo esqueleticoParte 3 de 4

Cambios en la masa de músculo esquelético

No hay un método definitivo in vivo para medir la masa muscular total; ni el potasio corporal total (TBK, por sus siglas en inglés) n el nitrógeno corporal total (TBN, por sus siglas en inglés) pueden identificar específicamente las células musculares. 

Aunque 2 productos metabólicos liberados por los miocitos –creatinina y 3-metilhistidina- se han empleado para estimar la masa muscular corporal total, su aplicación es limitada; sin embargo, bajo ciertas condiciones bien controladas, pueden proporcionar resultados precisos.

La composición muscular regional del cuerpo puede ser valorada por medio de técnicas de imagen y también por absorciometría. Estimados gruesos de la masa muscular también pueden obtenerse por mediciones antropométricas de circunferencias o áreas del antebrazo. Esta técnica es particularmente útil en el medio clínico cuando se da seguimiento y se valida contra otras metodologías.

El músculo esquelético representa del 22 al 25% (unos 850 g) de la masa del infante recién nacido y aproximadamente 30-45% (unos 28 Kg) del peso total en el adulto, aunque el rango de valores reportados en adultos es muy variable.

El músculo esquelético de un recién nacido contiene 27% de TBN, 33% de TBK y 28% del peso corporal total (TBW, por sus siglas en inglés). El cambio químico en la composición del músculo esquelético durante el desarrollo temprano es un decremento en el porcentaje de agua y un incremento en la concentración de proteína. A medida que las fibras aumentan en número y tamaño, el material extracelular (que constituye una buena parte del musculo esquelético fetal) es reemplazado por fibras musculares.

La masa muscular constituye la mayor parte de la masa de tejido blando, excepto en personas extremadamente obesas en las que el tejido adiposo podría predominar. Dependiendo de género, edad y estado de salud, entre un tercio y la mitad de la proteína corporal total está dentro del músculo esquelético.

El proceso de crecimiento de la masa muscular total no es uniforme y se desarrolla lentamente durante la niñez, con un acelerón de crecimiento en los años adolescentes, que es más intenso y prolongado en niños que en niñas. El desarrollo de masa muscular está influenciado por varios factores, incluyendo edad, sexo, nutrición, estado endócrino, estado metabólico y ejercicio. La masa muscular estimada como un porcentaje del peso corporal se incrementa de 42 a 54% en niños entre los 5 y los 17 años de edad, mientras que en niñas se incrementa de 40 a 45% entre los 5 los 13 años, disminuyendo algo después. Este decremento se debe probablemente a una mayor acumulación relativa de grasa en la mujer adolescente. A todas las edades, desde el nacimiento hasta la adultez, la masa muscular predomina en los hombres; con el avance de la edad hay una disminución substancial en la masa muscular y a los 70 años de edad el músculo esquelético ha perdido cerca del 40% de su valor más alto en la vida adulta temprana.

Esta sarcopenia que ocurre en el anciano podría ser retrasada con el ejercicio regular. La actividad física debe ser promovida durante los períodos tempranos de la vida para crear hábitos positivos que puedan continuar después, favoreciendo los sistemas muscular, óseo y cardiovascular, al tiempo que disminuye la tendencia hacia la obesidad.

 

Cambios en la masa visceral corporal

El crecimiento y el desarrollo de las vísceras están asociados con los mismos cambios en la composición química observados en la masa muscular: decremento en la proporción de agua e incremento en la proporción de proteína. Elementos extracelulares como sodio y cloro disminuyen, mientras que elementos intracelulares como potasio y magnesio permanecen iguales o se incrementan.

El cerebro crece rápidamente desde la mitad de la gestación hasta los 18 meses después del nacimiento, cuando alcanza un 70% de su masa adulta. El crecimiento y el desarrollo del cerebro están caracterizados por una disminución en el porcentaje de agua y un incremento en proteína, pero el cerebro difiere de la mayoría de los tejidos en que los lípidos forman una parte integral de la estructura.

La mielinización comienza antes del nacimiento, pero la mayoría ocurre entre este y los 3 años de edad, cuando el cerebro tiene 80-90% de su masa en la madurez. Hasta la edad de 3 años hay un considerable incremento en la concentración de lípidos con el consecuente decremento en el porcentaje de agua. Luego de los 3 años, los cambios en la composición son relativamente pequeños.

Durante el proceso de mielinización hay una rápida acumulación en el cerebro de ácidos grasos poliinsaturados (PUFAs, por sus siglas en inglés) de cadena larga ω-3 y ω-6, principalmente ácido docosahexaenoico (DHA, por sus siglas en inglés; 22:6ω-3),  ácido araquidónico (AA, por sus siglas en inglés; 20:4ω-6) y ácido adrénico (22:4ω-6), que son importantes componentes estructurales de los fosfolípidos en la membrana celular.

El tipo de lípido que se acumula en el cerebro durante estos primeros años está influenciado por la nutrición temprana y podría tener implicaciones funcionales, especialmente relacionadas a la maduración visual y al desarrollo cognitivo. Los infantes prematuros que reciben fórmulas con un índice elevado de ácido linoleico:ácido α-linolénico y prácticamente libres de PUFAs de cadena larga muestran una marcada disminución en la relación DHA:AA en el cerebro y la retina. Por otro lado, la lecha humana contiene suficientes precursores un PUFAs de cadena larga para cubrir los requerimientos del infante para el crecimiento cerebral. Estos factores han llevado al estudio y desarrollo de fórmulas infantiles conteniendo DHA y AA con la esperanza de imitar el patrón de acreción de ácidos grasos de los infantes alimentados al pecho en los bebes que son alimentados con fórmulas.

Los otros órganos importantes, hígado, riñones, pulmones, corazón, piel y bazo, también cambian en su composición química de forma similar, con un decremento en la proporción de agua y un incremento en proteína. El riñón tiene más sodio y menos potasio en cada edad que el músculo o el hígado.

En la piel, la proteína se incrementa, pero también cambia en el tipo: en el feto, menos del 20% de la masa es colágeno y el resto es elastina; al término de la gestación el colágeno representa 63% y en el adulto 90%.

El sistema inmune también es un importante componente del compartimiento magro no muscular del cuerpo. Los linfocitos por sí suman aproximadamente el 2% del peso corporal total y 8% de los sólidos libres de grasa en el adulto. El estado del sistema inmune está íntimamente relacionado con la composición corporal a través de los efectos conocidos de las citocinas en el metabolismo de las proteínas musculares.

En cualquier edad el músculo, esqueleto, piel, hígado y cerebro comprenden más del 70% de la masa corporal. Con el avance de la edad, algunos órganos como hígado, bazo y riñones se atrofian, mientras que otros órganos como próstata, pulmones y corazón muestran tendencia hacia la hipertrofia.

 

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