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Cambios en masa y fuerza muscular después de la menopausia

La baja actividad física, la ingestión de proteína y el elevado estrés oxidativo son los mayores contribuyentes a la sarcopenia en las mujeres postmenopáusicasA partir de los 1960s ha habido una lenta pero constante elevación en el número de personas ancianas en la población. Con el envejecimiento de los nacidos después de la Segunda Guerra Mundial y el incremento sostenido en la expectativa de vida, muchos países están presenciando un incremento marcado en la población anciana, y la ONU predice que una de cada cinco personas tendrá 60 años o más para el año 2050.

El envejecimiento está asociado con un declive natural en las funciones fisiológicas, incluyendo una pérdida en la densidad de la masa ósea (BMD, por sus siglas en inglés), pérdida de masa así como de fuerza en el músculo. En general, el declive en masa muscular promedia 0.4-0.8 Kg/década, comenzando a la edad de 20 años. Sin embargo, esta disminución no es lineal y no ocurre a la misma tasa y edad en ambos sexos. De hecho, se ha propuesto que en las mujeres ocurre una pérdida acelerada de masa y fuerza muscular a una edad más temprana que en los hombres, alrededor de la edad de la menopausia, posiblemente haciéndolas más débiles a la edad de 65-69 años que los hombres de 85-89 años. La disminución en estrógeno ocurre a una media de edad de 50-55 años y la expectativa de vida es mayor en las mujeres (80 años) que en los hombres (73 años). Esto significa que las mujeres pasan más de 30 años en estatus postmenopáusico. De esto ha derivado un interés creciente en estudiar los efectos del déficit de estrógeno en la salud y función física de las mujeres postmenopáusicas.

Un considerable cuerpo de evidencia señala que el declive en la masa muscular puede estar en línea con el decremento en estrógeno que caracteriza los años postmenopáusicos. La disminución de estrógeno contribuye a la pérdida de BMD, la redistribución de grasa subcutánea al área visceral, el incremento en el riesgo de enfermedad cardiovascular y el decremento en la calidad de vida. Para exacerbar el impacto negativo de la menopausia en la salud de la mujer, la caída en estrógeno también puede tener un efecto directo en el tejido muscular.

Cambios en masa y subcaracterísticas del tejido muscular después de la menopausia

Está bien establecido que el envejecimiento está asociado con un declive en la masa muscular, llamado sarcopenia. La sarcopenia está definida como 2 desviaciones estándar por debajo de la masa muscular apendicular promedio de adultos jóvenes de una población de referencia. Está relacionada al desempeño funcional limitado y a la incapacidad física, siendo las mujeres más susceptibles de presentar estos problemas de salud, por el simple hecho de que viven más tiempo. Esta pérdida de musculo de debida primariamente a un desbalance entre la síntesis de proteína muscular y el rompimiento (deterioro) de la proteína muscular, así como al incremento en factores catabólicos tales como el estrés oxidativo y la inflamación. Adicionalmente, otros factores tales como el declive de niveles hormonales, asociado a la menopausia, pueden estar implicados en este  proceso.

La masa muscular en las mujeres tiende a decrecer gradualmente después de la tercera década de vida y muestra un declive acelerado después de la quinta década. Un estudio transversal mostró un declive de 0.6% por año de masa muscular después de la menopausia. En concordancia, el potasio corporal total, un marcador de la masa corporal magra, disminuye significativamente durante los primeros 3 años de la menopausia. A este respecto, la prevalencia de sarcopenia en un estudio poblacional anciana en Nuevo México, Estados Unidos, mostró un valor de 23.6% en mujeres postmenopáusicas independientes saludables (<70 años de edad) en comparación con el 15.4% en los hombres del mismo grupo de edad, apoyando el concepto de que la sarcopenia está presente en los hombres, pero especialmente en las mujeres postmenopáusicas. No obstante, otro estudio demostró que la masa muscular está negativamente correlacionada con la edad y todavía resulta difícil establecer la contribución relativa de la transición menopáusica en comparación a la edad con relación a la pérdida de masa muscular, especialmente porque la pérdida de masa muscular está influenciada por muchos factores confundidores, tales como una baja actividad física, factores inflamatorios, longitud y poder de la pierna y BMI, que están simultáneamente relacionados a la edad y la estatus menopáusico. Aunque se requieren estudios longitudinales para determinar la contribución relativa de la caída de estrógeno asociada a la edad en el surgimiento de la sarcopenia, más estudios transversales apoyan una correlación específicamente entre las subcaracterísticas de la masa muscular u el metabolismo del estrógeno.

Cambios en la composición muscular después de la menopausia

Aunque la literatura pertinente a cambios en la masa muscular debidos a la menopausia per se no son abundantes, algunos grupos han investigado cambios en las subcaracterísticas del tejido muscular durante la menopausia. En este sentido, se ha demostrado que las mujeres entre edades 65-80 años tienen el doble de cantidad de tejido muscular no contráctil por unidad de área transversal (CSA, por sus siglas en inglés) de músculo, en comparación con las mujeres más jóvenes entre los 23 y los 57 años de edad. Esto está apoyado por el hecho de que el tejido no contráctil, como la grasa intramuscular, se incrementa significativamente después de la menopausia. Las mujeres almacenan grasa en al músculo porque utilizan más grasa que glicógeno como combustible, en comparación con los hombres. La lipoproteína lipasa (LPL) es responsable de la utilización de triglicéridos en el músculo y juega un papel crucial en el metabolismo de lípidos y el transporte de los mismos. Con el envejecimiento y la inactividad física, hay un decremento en la actividad de las LPL en los músculos, lo que podría derivar en un incremento en el almacenamiento intramuscular de grasa.

Adicionalmente, parece que el estrógeno también tiene efectos independientes en la LPL. En el tejido graso de mujeres premenopáusicas, LPL incrementa el almacenamiento de grasa en el área glúteo-femoral e inhibe el almacenamiento de grasa en la región abdominal. Sin embargo, después de la menopausia, las mujeres no exhiben diferencias regionales en las reservas de grasa, sugiriendo que la actividad de LPL está incrementada en dicha región abdominal y glútea. En otras palabras, puede asumirse que las mujeres postmenopáusicas que no reciben tratamiento de reemplazo de hormonas (HRT, por sus siglas en inglés) mantienen su habilidad para almacenar grasa bajo la forma de triglicéridos en el músculo, pero pierden su habilidad para oxidarlo, llevando así a una acumulación excesiva de reservas de grasa bajo la forma de grasa intramuscular. Adicionalmente, el “efecto protector” del estrógeno en la reserva abdominal de grasa está debilitado. Desafortunadamente, es factible que lleve a la disminución en la sensibilidad a la insulina y a un mayor riesgo para las mujeres postmenopáusicas de contraer diabetes tipo 2.

Factores que contribuyen al declive en masa muscular en mujeres postmenopáusicas

En las mujeres postmenopáusicas algunos factores importantes contribuyen al declive en la masa muscular. Parece que la inactividad física, la ingestión de proteína y el estrés oxidativo contribuyen especialmente a la sarcopenia en mujeres postmenopáusicas. Adicionalmente, nuevos datos demuestran que la vitamina D podría también tener un papel en la función muscular. Aunque estos factores no son específicos para la menopáusica, varios estudios apoyan el concepto de que estos son exacerbados por cambios en su estatus. Más aún, hormonas sexuales, como estrona, estrógeno y otros factores tales como la hormona del crecimiento (GH, por sus siglas en inglés), deshidroepiandrosterona (DHEA, por sus siglas en inglés), el factor de crecimiento tipo insulina 1 (IGF-1, por sus siglas en inglés) e insulina parecen estar correlacionados positivamente con la masa muscular.

La actividad física, especialmente el entrenamiento de resistencia, es un importante determinante del mantenimiento de la masa muscular y la reducción de la acumulación de masa grasa intramuscular. En un estudio longitudinal de 9 años, de demostró que el nivel de actividad física era efectivo en la disminución del peso corporal, aunque no era suficiente para prevenir completamente el declive en masa muscular. Sin embargo, la actividad física fue repostada como ‘deportes y actividad recreativa’ y por tanto incluyó todo tipo de actividades (aeróbicas y de resistencia, independientemente de la intensidad). En concordancia, otro estudio demostró que los hombres quienes fueron atletas de resistencia tenían la misma masa magra y fuerza muscular como sus controles sedentarios de edad similar. No obstante, los mismos autores reportaron que los atletas maestros, quienes fueron levantadores de pesas, tenían la misma estructura muscular que los hombres en sus veintes. De acuerdo a esto, un grupo adicional demostró que los individuos más viejos que habían mantenido participación regular en entrenamiento de resistencia preservaron niveles más altos de masa muscular, cuando se comparaban con sus contrapartes sedentarias o con entrenamiento de resistencia. En vista de lo anterior, se condujo un programa de entrenamiento de resistencia en 48 mujeres postmenopáusicas obesas (55-75 años de edad) sin HRT por 12 semanas, concluyendo que el entrenamiento de resistencia solamente (versus la restricción energética sola y combinada con el entrenamiento de resistencia) incrementó su calificación de capacidad física. Por tanto, aunque el ejercicio de resistencia podría no ser altamente eficiente para prevenir la sarcopenia en un punto de vista general, el ejercicio de resistencia puede ser la estrategia clave para mantener la masa muscular en mujeres postmenopáusicas.

La ingestión de proteína es importante para las mujeres postmenopáusicas, especialmente bajo la forma de aminoácidos esenciales. La recomendación dietaria actual diaria para ingestión de proteína es de 0.8 g/Kg de peso corporal en hombres y mujeres adultos jóvenes y ancianos. Esto se considera como el mínimo para mantener el balance entre la síntesis y degradación de proteína. Sin embargo, existe evidencia de que esta recomendación puede no ser apropiada para las personas ancianas. En una revisión reciente, se determinó que 1.2 g/Kg parece ser una cantidad más adecuada y segura para hombres y mujeres por igual. Recientemente se estudiaron los efectos de modificaciones dietarias combinadas con ejercicio en mujeres postmenopáusicas sin HRT: sus resultados luego de una intervención de 20 semanas mostraron que las mujeres que tuvieron una ingestión alta de proteínas (0.8 g/Kg) perdieron menos masa magra que sus contrapartes que recibieron una ingestión más baja de proteínas (0.47 g/Kg). Sin embargo, dado el hecho de que solamente ingirieron 0.8 g/Kg), es difícil saber si una ingestión más elevada de proteína podrían haber prevenido totalmente la pérdida de masa muscular y sería interesante estudiar el efecto de una ingestión más alta de proteína (tal como 1.2 g/Kg) en la misma población. El mismo estudio mostró que para un incremento de 0.1 g/Kg de proteína dietaria diaria, la caída en masa muscular se redujo en 0.62 Kg. Interesantemente, se ha demostrado que el consumo de proteínas de fuentes animales saludables (ricas en aminoácidos esenciales) está asociado con la masa muscular en mujeres ancianas. En conjunto, estos datos apoyan fuertemente el concepto de que la ingestión adecuada de proteínas (cantidad y tipo) es esencial para prevenir, o al menos, retrasar la sarcopenia. Es importante notar que estas recomendaciones de suplementación de aminoácidos esenciales y proteína no son exclusivas para las mujeres postmenopáusicas. En los hombres ancianos, un consumo adecuado de proteínas animales es tan importante como para las mujeres. No obstante, dado que las mujeres tienen una masa muscular significativamente menor que los hombres, estas están en mayor riesgo de un desbalance de proteínas. Por lo tanto, tener una dieta balanceada con una mayor ingestión de proteínas animales podría reducir la pérdida de masa muscular en mujeres postmenopáusicas.

Con la transición menopáusica, existe un incremento en el estrés oxidativo marcado por el desbalance entre la producción de radicales libres y la destrucción de éstos a través de un sistema antioxidante inadecuado. El estrés oxidativo está asociado a una mayor producción de especies reactivas de oxígeno por las mitocondrias, lo que a su vez provoca apoptosis celular. La teoría del círculo vicioso propone que el ácido desoxirribonucleico (DNA, por sus siglas en inglés) mitocondrial es dañado por al estrés oxidativo, afectando la capacidad de producir energía por la cadena de transporte de electrones. La capacidad reducida de las mitocondrias para producir energía hace a las células más susceptibles a la apoptosis, lo que finalmente provoca la atrofia o muerte de la fibra muscular, llevando eventualmente a la sarcopenia. Notablemente, se ha demostrado que el declive en IL-6 y TNF-α también incrementar el riesgo de incapacidad física. Se encontró que las mujeres postmenopáusicas (rango de edad 45-55 años, sin HRT) tuvieron niveles de marcadores de estrés oxidativo significativamente más altos y una menor capacidad antioxidante, comparadas con mujeres premenopáusicas (30-35 años de edad). Una razón que puede explicar el incremento en el estrés oxidativo en mujeres es el hecho de que exhiben una ganancia de peso significativa durante la transición menopáusica. Se ha confirmado la correlación entre el estrés oxidativo y el peso corporal, concluyendo que las mujeres con mayor peso corporal tienen un nivel más alto de estrés oxidativo. Otra hipótesis es que el estrógeno puede jugar un papel protector contra el estrés oxidativo, aunque los mecanismos implicados no se comprenden del todo.

Se sabe que la vitamina D juega un papel primordial en la regulación del calcio, así como en el desarrollo y mantenimiento de los huesos. La vitamina D es producida principalmente por la piel y puede ser afectada por edad, latitud, hora del día, temporada del año y pigmentación de la piel. Adicionalmente, existe nueva evidencia de que la vitamina D tiene una asociación con la función muscular. Para apoyar esta asociación, varios grupos de investigación identificaron receptores de vitamina D en las células musculares. Interesantemente, se ha demostrado (estudio NHANES III en Estados Unidos) que el desempeño físico y la vitamina D están correlacionados juntos, en donde hombres y mujeres de 60 años o más quienes tenían niveles séricos de 25(OH)D por arriba de 94 nmol/l tuvieron mejores resultados (prueba de caminata de 2.5 metros y ponerse en pié desde una silla) que los sujetos con niveles más bajos (menores a 60 mmol/l). Algunos autores han encontrado una asociación positiva entre fuerza de apretón (también conocido como fuerza de agarre) y niveles séricos de 25(OH)D. Se ha demostrado que los niveles más bajos de 25(OH)D (por debajo de 25 mmol/l) tienen un incremento en el riesgo de caídas (en el Estudio Longitudinal de Envejecimiento Amsterdam).

La implicación de la vitamina D en el desempeño muscular parece estar a nivel y estructura de la célula muscular. A este respecto, la deficiencia de vitamina D en adultos ha sido implicada en la atrofia de las fibras musculares tipo II. Adicionalmente, se ha reportado un incremento en la infiltración de grasa entre las fibras musculares y los espacios interfibrilares alargados con la deficiencia de vitamina D. Uno podría sugerir que la vitamina D juega un papel crucial en el mantenimiento de las fibras tipo II y en la prevención de caídas. Basándose en estas suposiciones, un grupo de investigación concluyó que las mujeres postmenopáusicas (media de edad 74 años) que reciben suplementación con vitamina D y calcio mejoraron su desempeño de paso y sacudimiento corporales comparadas con un grupo que solamente recibió suplementos con calcio.

Parece ser que la suplementación con vitamina D es importante no solamente para mantener la BMD, sino también para la función y fuerza musculares, atenuando así el riesgo de caídas y la pérdida de balance. Este tema, por supuesto, merece investigaciones adicionales, ya en proceso.

Entre los marcadores biológicos asociados con la pérdida de masa muscular, DHEA es una prohormona que puede transformarse en esteroides sexuales, tales como andrógenos y estrógeno. DHEA tiene muchos papeles importantes en el cuerpo humano, pues puede contribuir al incremento en la masa muscular, la mejora en los niveles de glucosa e insulina, el decremento en la masa grasa y en la reducción del riesgo de cáncer de seno. La DHEA en circulación parece declinar con la edad, especialmente en la menopausia para las mujeres. Como tal, un declive marcado parece ocurrir entre las mujeres perimenopáusicas y el estatus postmenopáusico. Entre otras cosas, se ha demostrado que una baja concentración de DHEA está asociada con decrementos en la masa muscular y el desempeño físico.

GH también regula la composición corporal y el crecimiento durante el periodo de desarrollo en los niños, ejerciendo un efecto anabólico en los tejidos musculares y óseos. Los niveles en circulación de GH parecen permanecer estables a lo largo de la vida adulta, seguidos por un declive en la menopausia y la andropausia. En efecto, se han observado concentraciones más bajas a 24 horas de GH en mujeres postmenopáusicas (58-70 años de edad) comparadas con mujeres premenopáusicas (45-51 años de edad), 1.0 mU/l  versus 1.8 mU/l), y el estradiol estuvo correlacionado con las concentraciones de GH. Es factible que este decremento en GH acelere la pérdida de músculo y densidad de masa ósea, y se ha demostrado que potencialmente lleva a una ganancia de grasa en la región abdominal.

IGF-1 es una proteína que activa la síntesis de proteína muscular e inhibe la degradación de proteína en el músculo. Está mediada por la hormona liberadora de hormona del crecimiento (GHRH, por sus siglas en inglés) y trabaja en conjunto con GH. La IGF-1 en suero es producida primariamente por el hígado y sus niveles son más estables que los de GH. El efecto de IGF-1 es principalmente en la ruta de fosfoinositol 3 quinasa/proteína quinasa B (PI3K/AKT, por sus siglas en inglés), la cual es también activada por el ejercicio. Notablemente, la ruta PI3K/AKT mantiene 2 tipos de receptores, los receptores de insulina (IR, por sus siglas en inglés) y los receptores de IGF-1, explicando por qué tanto insulina como IGF-1 pueden promover la síntesis de proteína en el músculo. Se ha demostrado que IGF-1 y estrógeno disminuyen con la menopausia, aumentando los niveles de citocinas proinflamatorias tales como IL-6 y TNF-α. Se ha demostrado que los niveles elevados de estas citocinas contribuyen a la sarcopenia e incrementan el riesgo de incapacidad física a través de su papel en la degradación de proteína muscular. Así, la disminución de los niveles de IGF-1 y la pérdida del efecto protector del estrógeno en las citocinas circulantes durante la menopausia podrían acelerar la pérdida de masa muscular.

Se ha propuesto que el deterioro en la sensibilidad a la insulina incluye la masa muscular en las mujeres postmenopáusicas. La insulina es una hormona anabólica que inhibe el rompimiento de proteínas en el músculo y promueve la síntesis, jugando un papel crucial en el favorecimiento del anabolismo muscular. Se ha demostrado que las mujeres postmenopáusicas obesas (67-71 años de edad) tienen una capacidad reducida de anabolismo de proteínas debido a su mayor resistencia a la insulina. Un estudio de seguimiento demostró que el envejecimiento conduce una capacidad reducida de la respuesta anabólica de proteínas luego de una infusión de aminoácidos, lo que apoya el concepto del decremento en la eficacia de la insulina para estimular la síntesis de proteína en el músculo. También se ha demostrado que la supresión de degradación de proteínas por la insulina está deteriorada en el adulto anciano. Aunque los mecanismos subyacentes no se comprenden del todo, una mayor adiposidad en las mujeres postmenopáusicas puede explicar el metabolismo proteínico truncado. No obstante, no hay estudios publicados, que estén dedicados a la relación específica entre metabolismo de proteínas y los niveles de estrógeno antes o después de la menopausia para aclarar el punto.

Como punto final, el declive en la masa muscular con el envejecimiento es inevitable, sea debido a la edad o a la menopausia. Es bastante difícil discriminar entre los efectos del envejecimiento y los de la menopausia, pues tienen lugar simultáneamente. Una baja actividad física está relacionada a una pérdida acelerada de masa muscular, y la ingestión de proteína (>0.8 g/Kg/día, principalmente de aminoácidos esenciales) es importante para mantener la masa muscular al promover un incremento en la síntesis de proteína en el músculo y hacer más lenta la degradación de proteínas. Con la transición menopáusica, el decremento en estrógeno parece estar relacionado con un incremento en el estrés oxidativo. La sensibilidad a la insulina, los niveles en circulación de DHEA, GH, IGF-1 y vitamina D parecen disminuir luego de la menopausia y todos parecen estar relacionados en algunas formas con la pérdida de masa muscular en las mujeres. Por lo tanto, todos estos factores deben ser considerados directa o indirectamente como implicados en la patogénesis de la sarcopenia en mujeres postmenopáusicas. Afortunadamente, parece que el entrenamiento de resistencia puede contribuir a un estilo de vida saludable en mujeres postmenopáusicas y retrasar la sarcopenia, previniendo su declive asociado en la función física.

Cambios en la fuerza muscular después de la menopausia

Está bien establecido que el envejecimiento está asociado con la pérdida de fuerza muscular y que esta pérdida está parcialmente relacionada con la sarcopenia. El decremento en la fuerza muscular puede jugar un papel deteriorante en la función física, tal como el levantarse de una silla, la velocidad de caminata, subir o bajar escaleras y la capacidad para recuperar después de una pérdida de equilibrio.

Las mujeres tienden a perder fuerza muscular alrededor de la quinta y sexta décadas de vida. Algunos estudios han mostrado que las mujeres experimentan un decremento de 21% en fuerza entre las edades de 25 y de 55 años. Como con la masa muscular, la pérdida de fuerza muscular parece ser concurrente con la aparición de la menopausia.

La pérdida de estrógeno y la fuerza muscular

Algunos autores han sugerido que la pérdida de fuerza muscular coincide con el déficit de estrógeno de la menopausia. Aunque los mecanismos no se comprenden claramente, algunos estudios muestran una correlación entre la fuerza muscular u los niveles de estrógeno en circulación. Se ha propuesto que el estrógeno tiene un efecto anabólico en el músculo por la estimulación de los receptores de  IGF-1. Adicionalmente, existe evidencia de que los receptores de estrógeno (ER, por sus siglas en inglés) están presentes en los músculos humanos (expresados a nivel de ARN mensajero – mRNA, por sus siglas en inglés), bajo la forma de ERα y ERβ en los núcleos de las fibras y capilares musculares. Interesantemente, se ha mostrado que el número de ERs en las fibras musculares es mayor en hombres, mujeres y niños, comparados con mujeres postmenopáusicas. Notablemente, los receptores de estrógeno dependen no solamente del estrógeno en circulación para ser activados sino que IGF-1 también puede activar la actividad transcripcional de los receptores de estrógeno. Así, los ER podrían jugar un papel en la fuerza muscular a través de la acción tanto de estrógeno como de IGF-1. Tanto estrógeno como IGF-1 caen en la menopausia, lo que podría afectar la masa y fuerza musculares.

En contraste, un grupo de investigadores encontró resultados divergentes en los efectos de estrógeno en la fuerza muscular. Luego de evaluar la fuerza de agarre, el poder extensor de pierna  y fuerza isométrica en 264 hombres y 229 mujeres (89 premenopáusicas, 92 menopáusicas sin terapia de hormonas, 15 en terapia de hormonas y 33 perimenopáusicas), concluyeron que no había diferencia en fuerza y poder extensor de pierna entre mujeres de diferente estatus hormonal. En concordancia, un estudio conducido en mujeres jóvenes sometidas a fertilización in vitro, que exhibían niveles reducidos de estrógeno, no se encontró un efecto protector del estrógeno en la fuerza muscular. Sin embargo, es posible que el estrógeno no tenga el mismo efecto fisiológico en mujeres más jóvenes (media de edad 34 años) que las más ancianas y por tanto es riesgoso generalizar esto a la población postmenopáusica. Otro estudio apoya la idea de que no hay relación entre el estrógeno en circulación y la fuerza muscular, comparando 4 grupos de mujeres de diferentes edades (45-49, 50-54, 55-59 y 60-64 años) tomando o no HRT. Los autores concluyeron que era el efecto de la edad y no del déficit de estrógeno el que promueve la pérdida de fuerza muscular. No obstante, algunos han sugerido que no es el estrógeno el que juega un papel en la fuerza muscular, sino que puede tratarse de la progesterona solamente o en combinación con el estrógeno.

Así, el efecto de la menopausia en la fuerza muscular no está bien establecido. Se requieren estudios adicionales para elucidar el efecto potencial del estrógeno en la masa muscular y su papel exacto en comparación al papel de la progesterona o la edad. Es difícil establecer una conclusión definitiva porque el uso de diferentes músculos, las diferencias en la edad de los sujetos y, cuando aplica, las diferencias en el tiempo de uso de HRT. Es interesante que los cambios en la distribución del tipo de fibra muscular que han sido observados en mujeres postmenopáusicas no hayan sido controlados, a pesar de que podrían explicar parcialmente estas discrepancias.

Distribución en el tipo de fibra

Existe una atrofia y denervación de las fibras tipo II y una reinervación de aquellas fibras con axones de las unidades motoras tipo I que coincide con el envejecimiento, volviendo a los individuos viejos más débiles y lentos. La evidencia también muestra una irregularidad de disparo de la unidad motora, que puede jugar una parte en la capacidad disminuida de desarrollar fuerza y poder. Se ha demostrado una disminución en el poder y en la relación entre fuerza flexora y extensora en mujeres ancianas, sugiriendo que este declive puede ser debido a una pérdida de fibra tipo II. En un estudio transversal en mujeres, se encontró que las fibras musculares tipo I presentaban una mayor área transversal que las fibras tipo II, independientemente del estatus de HRT (este es uno de los escasísimos reportes que comparan las características de fibra muscular entre mujeres postmenopáusicas tomando o no HRT). Aunque estos cambios no son específicos de las mujeres postmenopáusicas, son observados en dicha población y se requieren más estudios para evaluar los cambios en fibras musculares durante la pérdida de estrógeno en mujeres postmenopáusicas. Debe notarse, sin embargo, que los receptores de estrógeno encontrados en el tejido muscular parecen ser expresados más específicamente en las fibras musculares tipo II.

Como se menciona arriba, las fibras tipo II están reducidas en número y tamaño en las mujeres postmenopáusicas. Por lo tanto, se hipotetiza que el reemplazo de estrógeno no resultaría en incrementos en fuerza muscular debido al reducido número de receptores ER en las mujeres postmenopáusicas.

Basándose en estos resultados, permanece difícil establecer una relación directa entre el estatus menopáusico y la distribución del tipo de fibra muscular en mujeres y el papel de las hormonas en las fibras musculares todavía se comprende de manera pobre. Obviamente, esta cuestión merece más atención, especialmente porque las fibras musculares tipo II son importantes para producir contracciones rápidas y fuertes y para ser capaz de completar labores de la vida diaria.

Propiedades contráctiles

Aunque prácticamente no estudiado en humanos, existe evidencia intrigante de la pérdida de estrógeno en ratones que contribuye a generar hipótesis sobre el papel del estrógeno en las propiedades contráctiles del músculo. Al estudiar las propiedades contráctiles del músculo de ratones ovarioctomizados se mostró que estos tienen menos capacidad para activar la fosforilación de la proteína quinasa activada por adenosina monofosfato (AMPK, por sus siglas en inglés). De hecho, entre los procesos fisiológicos afectados por un decremento en las hormonas femeninas, existe evidencia de que la actividad de AMPK está alterada. La proteína de AMPK es necesaria para la captura de glucosa y la oxidación de lípidos en el músculo. Por tanto, está altamente implicada en la producción de energía que es necesaria para producir las contracciones musculares. También se ha mostrado que el estradiol activa la AMPK en los músculos de ratones en presencia de concentraciones elevadas (10 µmol/l). En contraste, AMPK  es inhibida cuando todo el estradiol es metabolizado a sus forma inactiva. Podemos especular que la menopausia podría reducir la fosforilación de AMPK y alterar la captura de glucosa y la oxidación de lípidos en los músculos esqueléticos, sugiriendo que el ejercicio (contracciones repetitivas) es importante para mantener el metabolismo muscular y las propiedades contráctiles. La capacidad reducida del músculo para metabolizar triglicéridos puede explicar parcialmente el incremento en masa grasa y resistencia a la insulina durante la menopausia. Esto, sin embargo, todavía debe ser demostrado en humanos.

Características de poder, así como fuerza máxima, isocinética e isométrica en mujeres postmenopáusicas y mujeres ancianas

Algunos estudios sugieren que el poder es más importante que la fuerza isométrica para completar las actividades de la vida diaria, tales como recuperarse de una pérdida de equilibrio, levantarse de una silla y subir o bajar escaleras, y que el poder decrece más que la fuerza isométrica con el envejecimiento. Otros decrementos en las características musculares son una pérdida de torque a alta velocidad (120°, 180° y 240°/segundo) y decrementos en la fuerza isocinética de aproximadamente 10 N/año para mujeres postmenopáusicas.

Estas pérdidas en fuerza isocinética y poder pueden ser explicadas principalmente por factores neurológicos. En primer lugar, existe una reducción de las unidades motoras funcionales, lo cual es especialmente notable alrededor de los 60 años de edad. Esto ha sido relacionado a la pérdida de fuerza muscular en mujeres ancianas. Aún más, se ha sugerido que es el factor más importante que contribuye a la sarcopenia y la debilidad muscular. Adicionalmente, como ya se ha mencionado, hay inevitablemente una pérdida de fibras tipo II con el envejecimiento. Mientras tanto, existe evidencia de reinervación de fibras tipo II con unidades motoras tipo I, lo que podría explicar la capacidad reducida de fuerza máxima en mujeres postmenopáusicas. Existe también una caída en la liberación de calcio por el retículo sarcoplásmico; la caída en la liberación de calcio explica la capacidad reducida para formar puentes actina/miosina. Finalmente, un cambio en la habilidad para reclutar todas las unidades motoras deriva en un decremento en la fuerza por unidad de área transversal.

Puede hipotetizarse que el estrógeno tienen un papel protector en el poder muscular a través de su acción en las fibras musculares tipo II, como se ha discutido arriba. También se ha sugerido que el estrógeno puede afectar el sistema nervioso central, jugando un papel en habilidades motoras finas y coordinación. Esta suposición está apoyada por un estudio que muestra que las mujeres postmenopáusicas tomando HRT estuvieron protegidas contra la pérdida de poder pero no de fuerza isométrica. Esto puede tener lugar a través de una implicación del sistema nervioso central. Estos resultados están en concordancia con otros estudios que concluyen que HRT tiene un papel protector en el poder muscular. El mecanismo de HRT o una concentración elevada de estrógeno (como en las mujeres premenopáusicas) debe todavía determinarse.

Para concluir, el poder muscular parece ser el factor más importante en el contexto de desempeñar las actividades diarias. En este sentido, mantener la fuerza muscular y, especialmente, el poder muscular, es instrumental en la calidad de vida de las mujeres postmenopáusicas. Como tal, las mujeres, que tienden a tener una inestabilidad postural más importante, pueden requerir de poder y fuerza de alta velocidad para protegerse de las caídas que pueden incrementar el riesgo de fracturas, especialmente después de la menopausia, debido al decremento en la densidad de la masa ósea.

Efectos del ejercicio y el reemplazo de hormonas en la masa y la fuerza musculares

La importancia de la fuerza muscular en la vida diaria nos impulsa a examinar estrategias eficientes para prevenir su pérdida. La evidencia sugiere que el ejercicio de resistencia y la nutrición apropiada son importantes para mantener o prevenir la pérdida acelerada de fuerza muscular debido al envejecimiento y, potencialmente, el estatus menopáusico. La terapia de reemplazo puede estar también indicada.

La hormona de reemplazo de hormonas es considerada como una estrategia potencial para jugar un papel protector en la fuerza y poder musculares, aunque se han reportado resultados contradictorios. Notablemente, se ha demostrado que HRT produce más riesgos que beneficios para la salud de mujeres postmenopáusicas con un historial de enfermedad cardiaca. Adicionalmente, se han encontrado riesgos significativos para cáncer de seno, cáncer colorrectal, infarto y enfermedades cardiovasculares. Se ha mostrado que las mujeres recibiendo HRT poco después de la menopausia no tienen efectos dañinos en el riesgo cardiovascular, y que las mujeres comenzando HRT más tarde en la menopausia tienen un riesgo significativamente más alto de enfermedades cardiovasculares. No obstante, nuevos datos han demostrado que el tiempo de aplicación del tratamiento con HRT no influye en el riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer de seno y tromboembolismo venoso. Hasta ahora, utilizando HRT en dosis baja para el alivio de ciertos síntomas menopáusicos, en tanto su uso sea revisado cada 3-6 meses, parece permanecer pertinente, pero los resultados de los estudios pueden no apoyar el uso de HRT específicamente para mantener la fuerza muscular después de la menopausia.

Un enfoque alternativo a HRT en mujeres postmenopáusicas es el de los suplementos con fitoestrógenos. Los suplementos con isoflavonas, que parecen ser los más importantes en la prevención de enfermedad, se encuentran en granos de soya, otras leguminosas y productos de soya, y son estructuralmente similares a la hormona humana estradiol. Se han estudiado los efectos de 70 mg/día de la suplementación de isoflavona de soya por 24 semanas en la masa muscular de mujeres postmenopáusicas obesas sarcopénicas y se encontró que las mujeres incrementaron significativamente la masa magra y la masa muscular. Un mecanismo potencial es que la suplementación con isoflavona puede atenuar la alta concentración de marcadores proinflamatorios que contribuyen al rompimiento de proteínas musculares. Dichos resultados llevan a concluir que esta estrategia alternativa, combinada con entrenamiento de fuerza, podría ser benéfica para las mujeres postmenopáusicas. Estudios adicionales podrán establecer una relación directa y proponer estrategias eficientes para mantener la fuerza y la masa musculares en dicho grupo poblacional.

Debe mantenerse en menta, sin embargo, que las mujeres más ancianas tienen una menor cantidad de proteína contráctil por unidad celular, especialmente en fibras tipo II. Dado que los receptores de estrógeno pueden ayudar a los procesos reparadores después del entrenamiento de fuerza y son más numerosos en las fibras tipo II, se ha propuesto que la pérdida de fibras tipo II después de la menopausia podría amplificar el rompimiento de proteínas musculares y podría llevar a una reducción de la respuesta a la adaptación del músculo después del ejercicio. Sin embargo, todavía hay muchas preguntas sin responder en referencia al papel de estos receptores en el anabolismo de la masa muscular o a su afinidad con IGF-1.

Otro acercamiento prospectivo podría ser el reemplazo hormonal con hormonas diferentes al estrógeno, tales como DHEA. El impacto de la suplementación con DHEA no está claro en las mujeres postmenopáusicas. Un estudio demostró efectos positivos de una administración percutánea de DHEA en la masa muscular por 12 meses en mujeres postmenopáusicas. Sin embargo, muchos estudios han demostrado resultados negativos de una única administración de DHEA. Aun así, parece haber evidencia de un efecto benéfico del ejercicio de levantamiento de pesas combinado con la suplementación con DHEA para incrementar la masa y fuerza musculares. En contradicción, un estudio adicional examinó la combinación de un programa de ejercicio de 1 semanas (resistencia y aeróbico) y la suplementación con DHEA en la masa muscular, encontrando que la suplementación no incrementó la ganancia en masa muscular inducida por el programa de ejercicio. Como la intervención en este último estudio fue de menor duración, uno podría considerar que DHEA puede tener efectos solamente después de una suplementación a largo plazo.

Por otro lado, la suplementación con GH ha sido estudiada en relación a sus efectos en masa muscular en mujeres ancianas. Dos revisiones parecen estar de acuerdo en la carencia de efecto de la suplementación con GH en individuos ancianos mediante el incremento de la concentración de GH a los niveles de los adultos jóvenes. Se ha sugerido que el ejercicio puede ser un método más eficiente para incrementar la secreción de GH en mujeres postmenopáusicas, pero esto debe ser estudiado a conciencia antes de hacer recomendaciones. Por el momento, el uso del reemplazo hormonal con DHEA o GH como una estrategia contra el declive en masa y fuerza musculares no ha producido resultados concluyentes.

En conclusión, la transición menopáusica está asociada con un declive en estrógeno, GH, IGF-1 y DHEA, un decremento en la síntesis muscular de proteína y un incremento en factores catabólicos tales como la inflamación. Más importante aún, la baja actividad física, la ingestión de proteína y el elevado estrés oxidativo son los mayores contribuyentes a la sarcopenia en las mujeres postmenopáusicas. La baja concentración de estrógeno parece estar relacionada al declive de masa muscular y fuerza muscular, pero los estudios conflictivos entre los diferentes estudios hace difícil establecer una relación formal. No obstante, algunos estudios apoyan la presencia de receptores de estrógeno en el tejido muscular, especialmente en las fibras musculares tipo II. Aunque sus papeles no están completamente entendidos, estos receptores podrían contribuir a la síntesis de tejido muscular en reposo y a los procesos de reparación de las fibras musculares después del ejercicio. Simultáneamente, la pérdida de fuerza muscular puede también estar relacionada al estatus menopáusico. Mientras que la fuerza muscular juega un importante papel en el desempeño funcional y la calidad de vida, el declive en el poder muscular es el factor más importante de la fuerza y función muscular en mujeres postmenopáusicas, contribuyendo al riesgo de caídas y fracturas.

Resulta difícil diferenciar entre los cambios fisiológicos que son debidos solamente a la edad de aquellos relacionados con la menopausia. Permanece cierto, no obstante, que la masa y fuerza musculares disminuyen en las mujeres que envejecen, debido al estatus menopáusico o a la edad. Existen algunos métodos disponibles que pueden atenuar dichos cambios en la masa muscular. El ejercicio, la nutrición adecuada, el reemplazo de hormonas y el consumo de algunos suplementos como la vitamina D son considerados importantes contribuyentes a la masa muscular, la fuerza y la calidad de vida. Por ejemplo, el entrenamiento de resistencia y la ingestión adecuada de proteína pueden ayudar a reducir el riesgo de sarcopenia y la pérdida de músculo. Los ejercicios de balance deben también proponerse a las mujeres postmenopáusicas debido al incremento en el riesgo de caídas y fracturas en dicho periodo. Adicionalmente, la suplementación con isoflavonas podría ser potencialmente efectiva para ayudar a elevar la concentración de hormonas y actuar en la masa muscular de mujeres postmenopáusicas, aunque esta estrategia está en proceso de estudios adicionales.

Estudiar los efectos de la menopausia en la masa y función musculares es importante debido al número siempre creciente de mujeres postmenopáusicas a nivel mundial y a los efectos deteriorantes de la pérdida de masa y fuerza musculares. Encontrar estrategias que contrarresten la sarcopenia y la debilidad muscular en mujeres postmenopáusicas tiene significativas oportunidades de reducir la carga humana y financiera asociada con el deterioro en la capacidad física de este grupo poblacional.

Se ha demostrado que tratamiento de reemplazo de hormonas (HTR) produce más riesgos que beneficios para la salud de mujeres postmenopáusicas con un historial de enfermedad cardiacaSubir

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Una respuesta

  1. Lo cierto es que la menopausia es un cambio demasiado radical para las mujeres y es muy poco entendido por nuestras parejas masculinas… Gracias por el artículo.

    21/09/2011 en 06:16